13 de julio de 2026

EL MUNDIAL DE FUTBOL NO ES UNA COMPETENCIA DEPORTIVA, ES UN NEGOCIO

Me resulta fascinante la contradicción de tantos "analistas críticos" y "anticapitalistas" que siguen el Mundial de fútbol con una pasión desmedida y un fanatismo casi religioso. Nunca les falta la queja ni la sospecha de banqueta: "Argentina es la candidata de la FIFA", concluyen con vehemencia, como si hubieran descubierto el hilo negro. Imagino sus mentes sobrecalentadas a 70 grados celsius tras semejante deducción. ¡Ni Einstein fue tan brillante! Y están felices de que, Estados Unidos, el país que representa al capitalismo por antonomasia, haya perdido frente a Bélgica.

Para alcanzar una visión objetiva debemos despojar al torneo de romanticismo. Los Mundiales no son —ni han sido— una convocatoria guiada en esencia por el espíritu deportivo, sino un fenómeno del capitalismo global cuyo fin primario es expandir los mercados y multiplicar las fortunas de los corporativos que manejan este deporte a escala masiva.
¿Por qué Argentina tuvo en el camino en esta copa del mundo a rivales en apariencia sencillos? ¿Por parte de qué lógica, cuando se le complicó el partido contra Cabo Verde, las decisiones arbitrales parecieron inclinarse hacia el bando sudamericano? La respuesta no está en tramas ocultas, sino en la pura lógica comercial: Argentina vende infinitamente más que Cabo Verde.
Argentina tiene a Lionel Messi, figura absoluta del fútbol europeo y catalizador del mercado estadounidense. Todo el mundo quiere la camiseta de Messi, no la de un seleccionado africano. Las audiencias globales y los aficionados pagan boletos costosos, viajan entre ciudades y cruzan fronteras para ver al astro desplegar su talento. El fútbol profesional es, en última instancia, un espectáculo de masas; como tal, requiere una producción millonaria que el espectador consciente acepta financiar cada vez que consume el producto.
Esto no significa negar la existencia de la competencia en el terreno de juego, sino reconocer que el torneo mundialista opera bajo el impulso de patrocinadores, cadenas televisivas y la industria del turismo. Esos empresarios no actúan por favoritismos apasionados ni por amor a una camiseta: invierten para generar retorno de capital y maximizar ganancias, no para beneficiar a un país en específico.
Las figuras, como activos publicitarios, terminan por apagarse. Ayer el negocio se sostuvo sobre los hombros de Ronaldo, Zico, Romário, Baggio, Zidane, Platini y Maradona; mucho antes, sobre Pelé, Cruyff, Kempes o Beckenbauer. Hoy esos lugares los ocupan Messi y Cristiano Ronaldo, figuras consagradas que están de salida, cediendo el relevo a una nueva generación donde ya brillan nombres como Erling Haaland, Kylian Mbappé, Vinícius Júnior, Lamine Yamal y Jude Bellingham, garantizando así que el espectáculo —y el mercado— nunca se detengan.
Spoiler: El campeón del mundial 2026 será, otra vez, el capitalismo